La búsqueda de variedades resistentes a plagas
y enfermedades ha sido una de las principales acometidas en la historia de los
programas de mejoramiento del banano. Debido al escaso número de variedades
locales y su reproducción asexual, el banano tiene una reducida reserva
genética que lo hace vulnerable a plagas y enfermedades. Ya en los años veinte,
los programas fitogenéticos del Caribe buscaban variedades resistentes a la
enfermedad de Panamá: en el Imperial College of Tropical Agriculture (Trinidad)
y en Jamaica. A mediados de los setenta, se iniciaron nuevos programas de
mejoramiento en todo el mundo para combatir la sigatoka negra, incluida la
Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (FHIA) y más recientemente, en 1983,
EMBRAPA-CNPMF en Brasil y CIRAD-FLOHR en Guadalupe y el África occidental.
Una forma de obtener variabilidad genética es
a través de la utilización de la biotecnología, pero en los últimos años han
surgido polémicas sobre la posibilidad de que esta técnica pudiese producir
alimentos malsanos. Si bien la FAO reconoce que la ingeniería genética puede
ayudar a aumentar la producción y la productividad en la agricultura, la
silvicultura y la pesca, también es consciente de las preocupaciones sobre los
posibles riesgos suscitadas por ciertos aspectos de la biotecnología. Estos
riesgos se dividen en dos categorías fundamentales: los efectos sobre la salud
humana y animal, y las consecuencias sobre el medio ambiente. Los riesgos para
los seres humanos de los bananos tratados con anti fúngicos o toxinas contra
los nematodos en hojas o raíces son probablemente pequeños, mientras que los
peligros para el medio ambiente son incluso menos probables, ya que muchas
variedades comercializadas en todo el mundo son estériles. Estos procedimientos
ofrecen nuevas oportunidades para resolver problemas agrícolas donde las
técnicas tradicionales no pueden o tienen pocas posibilidades de hacerlo, como
es el caso del mejoramiento del banano.
Las técnicas de las variedades mejoradas por
ingeniería genética son relativamente nuevas y las actividades de investigación
están aún muy limitadas a laboratorios especializados. En los últimos diez
años, se ha dedicado un considerable esfuerzo de investigación a la producción
de bananos modificados genéticamente. Se han elaborado protocolos y se han
producido estas plantas en determinadas condiciones, lo que confirma que, en
principio, el banano puede modificarse genéticamente. Existen estudios para
descubrir métodos de preparación del material vegetal básico (progenitores)
para su transformación, y para transferir las características genéticas
requeridas. Esta labor la están haciendo empresas comerciales, universidades de
los Estados Unidos y de Europa e institutos de investigación especializados en
fitología. Puesto que su costo es elevado, ya que se necesitan laboratorios
complejos (con instalaciones de confinamiento adecuadas) y un personal muy
calificado, la distribución de una variedad de banano transformada para su
producción comercial no es probable que se lleve a cabo este decenio (FAO
2001a).
La disponibilidad de variedades resistentes a
las enfermedades está directamente vinculada con el aumento de los rendimientos
de los agricultores que producen para consumo local, tanto en banano como en
plátano. Los agricultores que suministran a los mercados locales bananos de
diversos tipos (bananos para postre, cocción y molturación, y plátanos)
necesitan disponer de clones resistentes, pero suelen carecer de recursos
financieros para pagar la tecnología. Sin embargo, la transformación de todas
las variedades que actualmente se cultivan en países como Uganda o la India,
donde hay una gran diversidad que permite satisfacer determinadas preferencias,
no es realista. Además, esto podría no ser conveniente, ya que su éxito podría
conducir a la pérdida futura de la diversidad genética, preocupación que está
siendo abordada por la INIBAP cuando, al cambiar las preferencias de las
poblaciones, se descartan antiguos clones intrínsecamente menos productivos. A
los productores les interesa conservar la diversidad de variedades,
incorporando al mismo tiempo nuevos adelantos que fomenten la productividad.





