Según los minoristas, el banano
es una «compra impulsiva», ya que los consumidores no pueden resistir
comprarlos cuando están expuestos en condiciones impecables. Sin embargo, el
banano es una fruta delicada que recorre largas distancias, se daña fácilmente
y necesita instalaciones especializadas para su maduración. Una innovación
derivada del envío de bananos en fase de latencia en cargas refrigeradas en
puertos es la utilización de etileno para activar el proceso de maduración. La
maduración consiste en la producción de azúcar a partir del almidón, lo que da
al banano un sabor más dulce, ablanda los tejidos y destruye la clorofila, lo
que vuelve la monda amarilla. Es una operación compleja que requiere una
estrecha vigilancia y una labor intensiva. La temperatura del aire, la humedad
y la composición de gases necesitan ser regulados constantemente utilizando
ventiladores, y los comerciantes van cambiando progresivamente a sistemas
informatizados para automatizar el proceso.





